Cada año, “Fem un Museu” da un paso adelante, pero la edición 2017 ha ido más allá. Como sabéis es un proyecto de inclusión social con el cual se pretende acercar el arte a las personas que están en riesgo social. A las personas que con diversidad funcional forman este precioso proyecto se le da la oportunidad de expresarse, junto a un artista, mediante una obra de arte. También se les da la oportunidad de crear, de hacerse ver, de conocer a gente, de trabajar en equipo, de divertirse, de ser uno más dentro de la sociedad… La oportunidad de tener oportunidades.

 

Segundas oportunidades.

Y, ¿los objetos? No solemos darles una segunda oportunidad pues nos deslumbra la novedad, la tecnología de última generación y los inventos más minimalistas. Por eso, cuando son viejos los desahuciamos. “Fem un Museu” es un proyecto con alma al que este año se decidió dar una segunda oportunidad a los objetos. Bueno, yo diría que más que una segunda oportunidad, le dieron vida y una identidad nueva. Y para hacer esto, no solo hace falta tener un buen corazón, también se requiere una mente creativa como la de nuestros artistas.

 

 

 

La búsqueda de enseres maltratados por las tormentas, desechos por la indiferencia humana y moribundos por el cruel abandono, fue una experiencia enriquecedora y divertida. Toda la familia de “Fem un Museu” junto a Helena Minuesa al frente del proyecto y a Sílvia Lopéz como coordinadora de esta edición, revolvieron entre los formidables montones de chatarra que agonizaban en el Punto de reciclaje para recoger los afortunados objetos.

 

La maravillosa sensibilidad de los artistas, hizo que escogieran unos objetos en concreto, el destino y la personalidad de cada uno hizo que fuera así. Un par de zapatos usados, un libro al que le faltaban historias, una televisión que ya no recordaba a su espectador, un globo terráqueo partido en dos que irónicamente es un espejo donde se puede observar la actualidad, etc,. Fue una  larga lista de útiles que los artistas seleccionaron con ilusión. Objetos que habían dejado, hacia mucho tiempo, de ser prácticos y bonitos. Pero al igual que la hada madrina que le dio la vida aquel muñeco de madera, nuestros artistas tuvieron la sensibilidad de convertirlos en auténticas obras de arte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como cada año, me encargué de la parte literaria del proyecto. Escribí frases para acompañar las obras sin alejarme del significado que los artistas le habían otorgado. En la última sesión de este proyecto, nos pidieron que escribiéramos una palabra que definiera esta edición. Cada uno escribió una que después se colocó dentro de un globo. Estos globos fueron soltados en la inauguración de apertura de la exposición como símbolo de la libertad que, año tras año, el arte nos obsequia a la gran familia que somos.

 

¡Qué viva “Fem un Museu”!

 

Pili Egea

Fotos: @Localpres

   Un "Fem un Museu" lleno

de oportunidades

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