Federico García Lorca y l'escola Waldorf-Steiner El Til·ler

Mi amistad con Lurdes Fisas surge sin urgencias y suavemente alrededor del año 2010. Pienso que al primer segundo de ver este mundo, nuestra vida está escrita. Es un camino en el que el trayecto está ya construido y solo lo tienes que explorar. Las experiencias y las personas que están predestinadas, inevitablemente, por muchos giros que dé la vida, acabarán por suceder. Por ello, sé que muchas de mis amistades tendrán un largo camino en mi vida.

Lurdes tiene un corazón fuertemente enraizado en la tierra, justo y sólido. Su alma es acogedora y viajera… Es una mujer que parece estar en el límite de este mundo y en el del otro; un mundo que solo ella conoce. Su aroma es el del laurel y clavo.

Un día Lurdes me comentó que en L’escola Waldorf-Steiner. El Til·ler, en la que ella trabaja, los chicos de 4º de la ESO y su profesora estaban haciendo un ciclo dedicado al poeta Federico García Lorca. Ellos estarían encantados de que yo pudiera ir para hablarles sobre el poeta y lo que ha influido en mí. Inmediatamente, pensé, ¡de nuevo, Federico, regresa a mí! Pese a lo atractivo que me parecía la invitación, debido a un tema personal, me sentía desmotivada, no obstante, me resultaba  injusto hacerles ese feo tanto a Lurdes como a Federico, porque de diferente manera, a los dos los tengo cuando los necesito. Me armé de valor y accedí a la invitación con una chispa en la mirada.

Maribel es una amiga que siempre lleva su sonrisa preparada y una energía tan arrolladora e imparable que parece comerse el mundo a dentelladas, aunque es una gatita cuando escucha alguna injusticia, se le humeden los ojos. El día de la charla me levanté con muy buen ánimo, el tiempo soleado invitaba a salir a la calle y la voz cantarina de Maribel hacia pensar que nada iba a salir mal. De esa manera, entre risas e incentidumbres, las dos pusimos rumbo  hacia L’escola Waldorf-Steiner El Til·ler.

Recuerdo el miedo que sentía en mis primeras charlas, sobre todo cuando mis oyentes eran adolescentes. Con los años, ese sentimiento se ha convertido en respeto. No puedo evitar pensar, cuando hablo de García Lorca, si tendrá interés que un hombre que nació hace 121 años influya en mi presente. Pero en este caso, las dudas se dispersaron cuando me vi rodeada por un aroma a madera apacible y con unos chicos y su profesora Georgina muy cálidos, atentos y fascinantemente interesados por el intercambio de sensaciones.

 

Me encantaría compartir, punto por punto, la experiencia y las impresiones que me llenaron el cuerpo de fresca brisa. Me gustaría tanto describir los gestos, las miradas, las palabras y las sonrisas que me regalaron los chicos de 4º de la ESO y su profesora... Pero existen sensaciones que no se pueden explicar; hay que vivirlas. Pero a grandes trazos os diré que aquella mañana les conté de dónde venía mi pasión por Federico García Lorca y cómo extrañamente había intervenido en mi presente. De cómo puso a Rafael Amargo en mi camino y cómo esa amistad, con los años, se ha ido consolidando.

 

Os aseguro que aquel día en la escuela, la magia no la pusimos ni yo ni Lorca. Aquel día, ¡la magia la construimos entre todos!

 

A los meses de la charla en L’escola Waldorf-Steiner. El Til·ler, tuve una sorpresa increíble que aún hoy no he tenido la oportunidad de haberla agradecido porque no sé cómo acomodar mi alma para poder hacerlo. De  manos de Georgina, recibí un pliego de páginas hechas a mano al compás del ritmo de los latidos de mi corazón. En cada folio, Federico y yo convivimos en un mundo inventado por cada chico. Algo que todavía, después de tantos meses, me conmueve profunda e intensamente.

Gracias Lurdes por ser tú.

Gracias Maribel por ser incondicional.

Gracias Georgina por tu cariño y por invitarme.

Gracias a los chicos de 4º de la ESO por ser futuro.

Gracias Federico por ser pasado y gracias por ser mi presente.

Pili Egea 

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