• Pili Egea

Charla en el instituto Arnau Cadell. 1°bachillerato.


En mis treinta y seis años de vida he tenido que enfrentarme a todo tipo de experiencias: buenas, regulares y malas. También he tenido aquellas que se intuian como un fracaso, y sin embargo han sido un éxito. Pues bien, os contaré una experiencia que tuve, estaba tan segura que iba a ser un fracaso… Desde aquel día creí firmemente que siempre me acompañan las musas, “los musos” y/u otros fantasmas desconocidos. Sí, ese es el secreto de que la mayoría de las cosas me salgan bien, es gracias a las musas.

El frío de noviembre me tensó los nervios y me nubló la razón aquel día. Pero no era culpa ni del frío ni de noviembre. Lo que me ocurría es que no tenía ni una palabra preparada para la charla de literatura que iba a dar. Las semanas anteriores había estado muy ocupada y siempre la dejaba de lado. Pues de ese modo, con los nervios tensos y la razón nublada, fuimos Graziella, Begoña y yo al el Instituto Arnau Cadell. La vida era una aventura y la tomaría como tal, pensé. A decir verdad, no tenía ni idea de como dar una charla. Entre pensamiento y pensamiento, llegamos.


Cuando entré al instituto tuve la extraña sensación de estar dentro de una de esas películas juveniles. Tengo que confesar que era la primera vez que mis ruedas pisaban uno, y por eso sólo tenía la referencia de las películas. Observé a los chicos que estaban en corrillos, hablando animadamente, colocando apresuradamente sus mochilas en las taquillas. Nos recibió la tutora de literatura, una mujer de cara amable y carácter despierto.

En cuando me vi frente a una clase, con una decena de chicos pendientes de mí, me di cuenta que no estaba en ninguna película. Mientras la tutora me presentaba, intenté observar las caras de cada uno de los adolescentes que se hallaban sentados. Me pregunté como eran sus vidas familiares detrás de aquellos pupitres. Me imaginé las alegrías de cada uno, los temores, las ilusiones y los problemas, los amores y sinsabores… Y eso me hizo perder el temor.

Y que puedo decir de aquella charla; fue tanta la participación de los chicos que me sentí fenomenal. La tutora estuvo sensacional, sentí que estaba muy interesada en mi trabajo; no paré de hablar en una hora. Me hicieron preguntas sobre mis cuentos, mis principios en la escritura y otras cuestiones más personales.

Y ahora, después de un mes, recuerdo mi visita al Arnau Cadell como una experiencia mágica. Donde las musas, “los musos” y/u otros fantasmas desconocidos dieron paso a una nueva Pili Egea.

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