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  • Pili Egea

50 años de la muerte de Pau Casals


En este año recién estrenado se cumplen cincuenta años de la muerte de tres hombres que revolucionaron el mundo del arte, pero en disciplinas diferentes. La casualidad quiso que tuvieran el mismo nombre. Estoy hablando de Pau Casals, Pablo Picasso y Pablo Neruda. Pero hoy me centraré en Casals, uno de los artistas más universales de nuestro país, y en un amigo suyo.


Pau Salvador Casals i Defilló nació en El Vendrell el 29 de diciembre de 1876 y fue, en ese día, cuando sus diminutas orejas oyeron la música de la cotidianidad y su vida estuvo predestinada para siempre a la música. Con un maestro tan estricto como su padre Carles Casals, el pequeño Pau de cuatro años ya sabía tocar la flauta, el piano y el violín, este último instrumento con tan solo dos años después ya lo dominaba a la perfección. Su eterno idilio con el violonchelo empezó tempranamente, exactamente cuando tenía once años, al escuchar a un violonchelista local. A partir de ese momento, Casals ya no se separó del embrujo que le producía la melodía del instrumento… El violonchelo era como un enorme ser dormido esperando a que sus manos lo despertaran.


Recibió clases en la Escuela Municipal de Música de Barcelona y tocando en el Café Tost, en 1900; es en esa ciudad donde protagoniza el precioso hallazgo de una copia de las Seis Suites para violonchelo de Johann Sebastian Bach. Su enamoramiento fue tan intenso que pasó trece años perfeccionando la técnica de las suites. En poco tiempo, la magia del violonchelo del joven Pau Casals fue cubriendo como un velo toda Barcelona; su música era tan hechizante que hasta la mismísima reina María Cristina quedó tan prendada de la melodía de aquel elegante instrumento que le concedió una beca para que el musico siguiera los estudios en el Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid. Pero Casals renuncia a entrar en el conservatorio, la reina le retira la beca.


Es en Barcelona donde la carrera de Pau Casals empieza a despegar: se gradúa, se coloca como profesor en la Escuela Municipal de Barcelona y el Liceu le otorga un puesto como violonchelista. Ahí es cuando la maestría de su inseparable violonchelo empieza a despuntar en los auditorios tan exigentes como en de Paris, Viena y Londres. La melodía, la genialidad y la pasión de Pau Casals le conjura junto a dos grandes músicos; concretamente en 1905 crea un trío con el violinista Jacques Thibaud y con el pianista Alfred Cortot.


En 1920 funda la Orquesta Pau Casals pero con los años, la derrota republicana y la guerra civil hacen que la música del violonchelo quedé muda. Al artista no le queda otra opción que exiliarse a Francia. Y es así como aquel enorme y maravilloso ser que acompañaba Pau a todas partes, quedó sumido en un profundo sueño hasta 1950. Es en ese año cuando despierta de un largo sueño y no podía ser mejor, pues era el bicentenario de la muerte de Johann Sebastian Bach, ¡otra vez Bach guiaba a Casals!


Cuentan que Pau Casals y su inseparable violonchelo crearon piezas tan hermosas como El pessebre, “El himno a la naciones unidas” y el maravilloso “El cant dels ocells”. Su trayectoria fue vertiginosa en la que fundó un festival y una escuela que llevaba su apellido en Puerto Rico y conociendo personajes tan sobresalientes como el presidente John F. Kennedy.


Décadas después, concretamente el 22 de octubre de 1973, las cansadas manos de Pau Casals dejaron de acariciar aquel formidable ser que era su amigo. Las cuerdas del viejo instrumento se fueron arrugando para quedarse dormido, esta vez para siempre. Y es así como un violonchelo sigue acompañando eternamente al maestro Pau Casals.



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