• Pili Egea

La extraordinaria historia de Don Osito Marquina

Conocer a Don Osito Marquina fue todo un descubrimiento. Una tarde de 2019, en Figueres, lo vi anunciado con una graciosa leyenda que decía así: es mono y remono. Esta frase llevaba una firma. Una firma que conocía muy bien, así que, ni me lo pensé y entré al museo.

Un osito de peluche llegó a Figueres, una pequeña ciudad de calles empedradas un día de 1910. Aparentemente, un peluche marrón, blando, de ojos inexpresivos y muy achuchable. Era el típico juguete que solo una familia burguesa podía permitirse comprar en París para sus hijos. Era elmatrimonio Dalí y su pequeño Salvador de 6 años, que, al ver el juguete, abrió los brazos para cogerlo. El oso le pareció que era tan grande como el cuerpecito de su hermana, Anna Maria de 2 años.

En una vitrina del museo, el mítico peluche reposaba sentado, en una pequeña silla, y vestía una camisola azul de otra época. Mi vista recorrió el espacio: fotos de la infancia de Salvador y Anna Maria Dalí disfrazados, retratados con el oso, documentos familiares y cartas de Federico García Lorca que hacían referencia a Don Osito Marquina. El hallazgo me enamoró.

Pasaron los años y la Semana Santa de 1925 llegó. Un coche negro aparcó delante de la casa de los Dalí y entre una nube de jazmines apareció Federico García Lorca. El poeta granadino pisó el pueblo de pescadores de Cadaqués para pasar unos días con su amigo Salvador y la familia de éste. La amistad entre Anna María y él fue inmediata, llena de complicidad y humor. El oso, durante todas las vacaciones, estuvo tan presente entre los tres que Federico al saber que el osito no tenía nombre lo bautizó diciendo que: “Seguramente es pariente del dramaturgo Eduardo Marquina porque se le parece mucho”. Y aquel juguete de peluche paso a tener una identidad propia: Don Osito Marquina.

Observé unas cartas que Federico envío a Anna Maria, algunas de ellas haciéndose pasar por Don Osito Marquina. Y sabéis, después de años de seguir la figura y obra del poeta granadino, me di cuenta que las grandes personas se forman con pequeños gestos. Así fue, así es y así siempre será Federico García Lorca. Grande gracias a sus pequeños y geniales detalles.

Una tarde de verano de 1927 el poeta pasó unos días con Salvador y Anna en Cadaqués, antes de ir a Barcelona. Dsde la ciudad condal Lorca manda un mensaje a Anna a Cadaqués “Ha llamado el señor García Lorca y le comunica que mañana vendrá a pasar el día a Cadaqués y que llegará a la hora del almuerzo”. Al día siguiente, Anna Maria y su familia, con mucha ilusión, hacen los preparativos para su invitado… A la llegada del taxi, ella sale al encuentro. Su sorpresa fue mayúscula al ver que no venía el poeta, sino que en el asiento trasero venía… ¡Don Osito Marquina! Los anteriores días, Ana María estuvo buscando el peluche pensando que lo había perdido.

Aquella tarde de agosto de 2019 me quedé mirándolo ante la vitrina. Reflexionando en las aventuras que había vivido aquel ser inanimado llamado Don Osito Marquina y así como en todas las manos que lo habían mimado. Caricias de Anna María Dalí, de Salvador Dalí y de Federico García Lorca.

Nota aclaratoria: La historia de Don Osito Marquina es real y se puede leer en Els vint primers anys de Salvador Dalí. Álbum Familiar. Libro editado por Museu del Joguet de Catalunya. Triangle Postals SL.

El oso de peluche esta expuesto en el Museu del Joguet de Catalunya en Figueres

73 vistas
18403205_1323839210997472_43831241992179